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Tarragona propone un regreso a la Edad Media a través de su Ruta Medieval

11/10/2017 20:20 |
TurismoNoticias y prensa
Tarragona propone un regreso a la Edad Media a través de su Ruta Medieval

Trece lugares constituyen esta ruta que agrupa las huellas arquitectónicas que el medievo dejó en la ciudad tarraconense

Aunque el legado arqueológico romano de Tarraco, uno de sus tres Patrimonios de la Humanidad por la UNESCO, sea el gran imán turístico de Tarragona, la Edad Media también dejó una profunda huella en la ciudad, digna de visita. Las murallas, la Catedral, el Museo Diocesano, la judería o la iglesia de San Lorenzo integran una interesante Ruta Medieval compuesta por trece lugares vinculados a esa época. Casi todos ellos están agrupados en la Parte Alta –el casco antiguo– excepto uno que se halla en la cercana villa costera de Tamarit.

Terminada la época veraniega, en la que los chapuzones y los baños de sol monopolizan gran parte de nuestras escapadas, el otoño se presenta como una estación ideal para hacer turismo cultural descubriendo esos rincones en los que la historia ha ido dejando sus huellas. Tarragona, la ciudad de los tres Patrimonios de la Humanidad por la UNESCO, tiene muchos de ellos. Y no solo los vinculados al legado arqueológico romano de Tarraco, aunque este sea su gran seña de identidad patrimonial.

Un paseo por la Parte Alta, el casco antiguo de Tarragona, nos permitirá admirar las interesantes huellas que la Edad Media impregnó en la ciudad que, tras la ocupación árabe (siglos VIII-XI), resurgió y se consolidó con la expansión cristiana, época en la que se construyó el Muro Viejo, muralla del siglo XII sobre el fuerte muro romano que separaba el Foro Provincial del Circo. Todas ellas han estado agrupadas en una Ruta Medieval compuesta por 13 lugares de los que, solo uno, el recinto amurallado de Tamarit, está fuera de la capital.

El inicio de esta ruta se ubica en las murallas. Como Tarragona ya disponía de la base de las romanas, solo requirió repararlas, reconstruyendo el cierre meridional llamado Muro Viejo, donde destacan las torres de Morenes y de Arandes. En el siglo XIV se amplió el área amurallada hasta en antiguo Circo romano, construyéndose la Muralleta, reforzada por varias torres, de las que se conservan la de las Monjas y la de Tintoré.

Dentro del casco antiguo, en el Pla de la Seu, uno de los espacios donde mejor se conserva el ambiente medieval de la ciudad, vale la pena detenerse en la porticada calle Mercería, que acogía un mercado de verduras y en la actualidad, los domingos, alberga un mercadillo de antigüedades. Y en la Casa Balcells, por su fachada exterior. Cerca del Pla, en el último tramo de la calle Major, se encuentra el edificio del Antiguo Ayuntamiento, con un notable patio y un piso principal.

La Catedral, consagrada en el siglo XIV, es un claro ejemplo de la transición del románico al gótico, destacando en su fachada principal el impresionante rosetón, y en el interior, el altar mayor, donde se representan escenas de la vida y martirio de Santa Tecla, patrona de la ciudad.

También forma parte de la ruta el claustro, de finales del siglo XII y principios del XIII, de planta cuadrangular. Su escultura es uno de los conjuntos más remarcables de la plástica románica en Catalunya. Y en unas dependencias anexas al claustro, el Museo Diocesano, que cobija colecciones de arte religioso, retablos, esculturas de piedra o talladas en madera, orfebrería, cerámica, forja, textil, moneda, etc.

Otros edificios religiosos de esta época son la capilla de Santa Tecla, solo apreciable externamente desde la calle de les Coques; la de San Pablo –guarecida dentro del claustro del Seminario– y la iglesia de San Lorenzo, único templo plenamente gótico de la ciudad y que conserva dos obras medievales procedentes del desaparacido santuario de Santa Magdalena: el retablo de San Lorenzo y un cáliz.

Claro ejemplo de la arquitectura civil es el antiguo Hospital de Santa Tecla, del siglo XII, que en la actualidad es sede del Consell Comarcal del Tarragonès y en el que destaca el porche con cinco arcos de medio punto en su entrada.

La ruta sigue por la judería, con una incripción hebrea, una calle con arcos y la plaza dels Àngels; y enlaza con las afueras del casco antiguo, donde una antigua torre romana, el Pretorio, fue reconstruida en el siglo XII, durante la repoblación cristiana, para convertirse en el Castillo del Rey. Y en la parte opuesta de las murallas, en el Paseo Arqueológico, la huella medieval la deja el Castillo de Paborde, en el lugar donde se alza el Palacio Arzobisbal. De él queda la fachada septentrional, constituida por la muralla romana, destacando la Torre del Arzobispo, único resto del castillo.

A extramuros de la ciudad, en medio del anfiteatro, subsisten los vestigios de la iglesia de Santa María del Milagro cuyos restos, en su forma actual, pertenecen a los siglos XII y XIII. Una de sus reliquias, la Virgen María con el Niño, del siglo XIV, se conserva en el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona.

El broche final a esta Ruta Medieval lo pone, a unos 13 kilómetros, el recinto amurallado del pueblo de Tamarit, que incluye los restos del antiguo castillo, visibles desde cala Jovera o la playa de Tamarit.







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Nombre de contacto: Manel Antolí Moliner

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